SALIERON DEL SISTEMA, POR NUEVOS EMPRENDIMIENTOS

Escape del Sistema

Daniela y Guillermo son una pareja oriunda de la zona central. Ella santiaguina, él viñamarino. En el año 2007 se fueron a vivir a la Isla Grande de Chiloé, motivados por la calidad de vida sureña. De ser empleados de una gran empresa, hoy viven de la agricultura y el turismo desde su propia casa.

Por Juan Rodríguez

Daniela Jofré es Médico Veterinario. Trabajó en un centro de cultivo salmonero en el archipiélago hasta el año 2016. Fue despedida luego de la crisis económica y social provocada por la ‘marea roja’. Guillermo Mendoza es Ingeniero Agroindustrial, siempre independiente y ligado al campo. Viven juntos desde hace diez años en la localidad de Butalcura, proximidades de la ciudad de Castro.

La desvinculación de Daniela generó muchas dudas en las proyecciones familiares. No se sentían seguros en la Isla, había un clima de incertidumbre, sobre todo en el ámbito laboral. El ánimo de los chilotes estaba exacerbado a raíz de la contaminación de sus mares. Hubo barricadas y enfrentamientos con las fuerzas policiales todos los días. El canal de Chacao permaneció cerrado por alrededor de un mes.

Las condiciones no eran precisamente las que una pareja busca para echar raíces, sin embargo, Daniela y Guillermo no se rendirían tan fácilmente. Estaban en el lugar que anhelaban, a pesar de que su círculo más cercano intentaba convencerlos para que volvieran a restablecerse en sus ciudades natales. El sueño parecía derrumbarse, pero el destino afinaba los detalles para algo mucho más grande.

Padres de Matilda, una niña de tres años a la que le encanta asistir a su jardín – y que queda a menos de un kilómetro de su casa – los Mendoza Jofré decidieron irrumpir en el turismo rural. Sabían que tenían algo interesante para mostrar; una filosofía de vida propia y local, la optimización de recursos y una familia trabajando en sincronía. Desde el hogar no se perderían la infancia de su única hija.

PaP: Guillermo, ¿cómo les afectó el perder una fuente importante de ingreso familiar?

G: En un principio te descoloca y deprime, pero nos generó un cambio en la forma de ver las cosas. Vivimos de cerca la crisis en Chiloé y resolvimos alejarnos de todo tipo de industria por no darnos garantías en temas de sustentabilidad.

PaP: ¿Qué los motivó a incursionar en el turismo?

G: Después de los despidos masivos en las salmoneras, mucha gente se vio obligada a cambiar de actividad. Daniela tuvo la opción de seguir en el sector, pero vio en el turismo una forma diferente de enfrentar la situación. Fue ella quien me llevó por ese lado, siempre muy comprometida. Chiloé es increíble y su potencial turístico no está bien dimensionado, pero le veo un futuro brillante. Es un rubro que nos ha permitido desarrollarnos plenamente junto a nuestra hija.

PaP: ¿Qué ha sido lo más difícil de cambiar el estilo de vida?

G: Lo más complicado es organizar el pago de cuentas en virtud de la variabilidad de ingreso. Hay épocas del año en las que no recibimos muchos pasajeros, por lo que hay que aprender a ordenarse. El tema del dinero ya no se presenta con la misma importancia que se ve en la gran ciudad. Una vez que se produce el cambio de conciencia, asignas valor a cosas diferentes, ya que tus intereses son otros. Queremos generar un sistema propio que nos permita vivir tranquilos, pero haciendo lo que nos gusta con la agricultura de regeneración y promoviendo los principios de la permacultura.

Cultura Permanente

La permacultura se originó a mediados de los años setenta, como una visión sustentable y sostenible en el tiempo de la agricultura, la economía y la política.

Se trata de un sistema integrado de plantas y animales útiles para el hombre. El concepto lo gestaron los australianos Bill Mollison y David Holmgren, quienes modestamente aseguraron que no habían creado nada nuevo – es la síntesis de técnicas agroecológicas adquiridas a través de la historia –.

En Ecoturismo Los Manzanos, empresa de Daniela y Guillermo, se aplican los principios básicos de la permacultura. Poseen agua natural de vertiente y recuperan el agua lluvia; para fertilizar la tierra hacen compostaje, torres de compost y lombricultura. Tienen vacunos, patos y gallinas. Los productos de la granja son todos orgánicos. Elaboran mantequilla, queso y dulce de leche. Las gallinas se encargan de preparar las áreas de desmalezado y los patos alegran a los visitantes con sus baños de riachuelo, además de que ambas especies aportan con huevos para el consumo. Nada se pierde.

Dentro del terreno resalta una gran casa de estilo colonial, una cabaña con capacidad para cuatro personas y un quincho para veinte comensales. Todo conectado a un sistema fotovoltaico para 1 kWh y calefacción de agua termosolar. Con la misma tónica de las energías limpias, se promueve el consumo consciente y la reducción de los desechos.

Para sorprender aún más, fabrican sus propios ecoladrillos. La piscina se mantiene llena todo el año gracias a la lluvia. “Ahora tenemos que ver qué hacer con la maquinaria que vamos a dejar de utilizar”, manifiestan entre risas.

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