Las proezas submarinas del buzo Francisco Ayarza

Las proezas submarinas del buzo Francisco Ayarza

Las proezas submarinas del buzo Francisco Ayarza

 

Francisco Ayarza no es un mortal cualquiera; entrar a las gélidas aguas de los canales del sur  envuelto en un traje de neopreno y con una botella de agua como compañera, equivale a pisar otro mundo. Un mundo en el que el buzo Francisco comenzó a experimentar siendo parte del club “Cuerpo de Voluntarios de los Botes Salvavidas de Valparaíso”, una especie de Bomberos del Mar.

Por Emilio  Pineda E.

Si bien es nacido en Valparaíso y radicado en Punta Arnas, la infancia de Ayarza transcurrió entre las pampas salitreras y el Internado Don Bosco de Iquique, donde realizo sus primeros estudios entre los años 1941 y 1947. Su padre, Francisco Segundo Ayarza Ordenes, trabajó por muchos años en la industria del caliche, aventura en la que lo acompañaron su esposa Berta Ordenes y el pequeño Francisco. Con posterioridad la familia se traslada a Coquimbo y finalmente a Santiago, donde Francisco ingresa a estudiar  en el Instituto Nacional. Una vez finalizados estos estudios Francisco intenta ingresar a Odontología, idea que no prospera y que lo llevo a postular a un llamado que hacía la Superintendencia de Aduanas  de Valparaíso para llenar una vacante.  

NAUTILUS

El año 1959 Francisco junto a un amigo fundan la empresa de trabajos submarinos “Nautilus”, con la que realiza complejos trabajos tales como el tendido de cables eléctricos submarinos, o la mantención de estructuras en la Antártica. “La idea de formar una empresa relacionada con el mar nació en Valparaíso, cuando en espera de ingresar a la Escuela de Vistas de Aduana, me acerqué al mar y comencé a bucear en forma deportiva, encontrándome con un dentista, gran buceador y amigo, Alfonso Navia, con el cual creamos una de las primeras Empresas de Trabajos Submarinos. Bautizamos a la Sociedad como Nautilus, porque soy un admirador de la obra de Julio Verne y por supuesto de su personaje el Capitán Nemo y su nave. Trabajamos en el tendido de cables submarinos por espacio de 10 años. Una de esas labores se desarrolló en el canal de Chacao”.

Naufragios

Su pasión por el mar lo llevó a incursionar en la búsqueda de naufragios, principalmente  en el Estrecho de Magallanes y los canales adyacentes. Varios y connotados descubrimientos  le granjearon el reconocimiento de connotados personajes, entre ellos el  Premio Nacional de Historia don Mateo Martinic Beros, que califico los hallazgos de Francisco  “como el primer intento de arqueología submarina en Chile”. Sobre su iniciación en esta actividad, el buzo  señalo en una ocasión que  “estando en Punta Arenas, me interesó la aventura de explorar restos náufragos. Uno de nuestros primeros hallazgos fue los restos de la corbeta inglesa Doterel, que el 26 de abril del año 1881 estando al ancla en la bahía de Punta Arenas tuvo un incendio a bordo, explotando la Santa Bárbara falleciendo 143 tripulantes salvando con vida sólo 12, entre ellos el capitán de la cañonera. Con los años este accidente tan dramático fue quedando en el olvido, pero en circunstancias que yo navegaba por el sector y habiendo despertado en mí el interés por localizar restos náufragos y apoyado en una obra muy completa que realiza Francisco Vidal Gormaz, hidrógrafo de la Armada, en la que describe los naufragios ocurridos en las costas de Chile, hice uso de un sistema de video sonda, encontrando este hallazgo y rescatando una serie de objetos interesantes que fueron donados al Instituto de la Patagonia”

Otros hallazgos famosos realizados por Ayarza son los restos del  vapor “Cordillera” hundido el año 1890 en las cercanías del Faro San Isidro; también localizo los restos del vapor francés “Atlantique” naufragado el año 1895 en las proximidades de  la Isla Magdalena; y sin lugar a dudas dentro de sus descubrimientos más mediáticos e importantes, está la localización en el año  1960 en el archipiélago de Juan Fernández, del crucero alemán Dresden; embarcación hundida el  14 de marzo de 1915 por su propia tripulación,(en plena primera guerra mundial), como una última medida para no entregar el buque a la escuadra británica, que los sorprendió reaprovisionándose en la bahía de Cumberland,  en la isla Robinson Crusoe.

 “Realicé un viaje a Juan Fernández en el avión anfibio Catalina, piloteado por Roberto Parragué Singer y efectué una primera inmersión en Cumberland sin resultados positivos. En el mes de febrero del año 1960 organicé un segundo vuelo a la isla y en esa ocasión logramos encontrar los restos del Dresden, gracias a los datos que me entrega el oficial civil de la isla, mi amigo Víctor Bravo Monroy. Uno de los tesoros recuperados fue el compás magistral del crucero que donamos al embajador de Alemania en Chile que lo envió para que fuera exhibido permanentemente en la Escuela Naval de Alemania en el Báltico “.

El Dresden, rescatado del olvido por el buzo Francisco Ayarza, es hoy una atracción submarina en el archipiélago; un legado y un testimonio de pasión y perseverancia.